Slideshow 2: Más que Kung Fu

Abrir las cortinas y toparse con el Obelisco es algo impresionante. La calle esperándonos, y recordar que ese mismo día es nuestro aniversario – y la razón del viaje- me hicieron saltar a la ducha, apurar a la Romi y partir por un Brunch (obvio, hay que aprovechar dormir cuando estás sin niños!) a Palermo.
Así que salimos del ascensor creyéndonos porteños, saludando al tipo de la entrada y pensando que qué rico sería vivir en esta ciudad por un tiempo.
Tomar un taxi (con acento bonaerense, obvio, no me vayan a “garcar” otra vez) y tener ganas de parar en cada esquina para vitrinear, mirar, olfatear y probar las cosas que veíamos por toda la Avenida Córdoba nos hizo el viaje corto. En la Plaza Serrano, a un costado, el aroma a café y el onderismo mismo nos saludaron con la misma calidez que sentí al abrir la puerta del Malas Artes.
Clic. Clic. Clic.

El desayuno, increíble: pan de campo tostado con muzzarela encima; panceta, huevos revueltos, jugo de naranjas, un buen café con espuma de leche y medialunas para comenzar la celebración del día.
DesaSHuno de campeones, viste?
De ahí, enfilar al dato No.5: la zona de outlets de Palermo. Recorrer la feria de artesanías, meterse por tienditas onderas y disfrutar la arquitectura y los jardines de la zona. Un frío espantoso nos siguió hasta Córdoba con Escalabrini Ortiz, donde las vitrinas empezaron a aparecer y los precios -no tan distintos a los de acá, pero con diseño mucho mejor- nos hicieron caminar por casi 3 horas, probándonos cosas y buscando regalos para los niños.
A las 4, dijimos no más. Y tomamos un taxi hacia la Recoleta. Cargados de bolsas, bajamos frente al Baires Design y recorrimos el lugar hasta sentarnos en una terracita. Justo cuando salía el sol.
Un sandwich en el “Locos por el Fútbol”, una Quilmes, luego una Crema Helada del Freddo… y caminar de la mano por Callao, luego Lavalle… y a descansar en el depto.
Luego de una relajante ducha y surfear por la Guía Oleo, nos decidimos por partir al onderísimo Olsen, compartir una tabla espectacular de tapas nórdicas, cada una con su correspondiente shot de Vodka, conversar muchísimo, reírnos otro poco y partir felices a un clásico restorán de la zona: el “22”, gran dato porteño: Bife chorizo, ensalada, fritas, vino y un flan mixto con dulce de leche groseramente gigante para terminar un buen día. Un mix gastronómico absoluto por celebración, y el final del día 2.

Autor: @Ritalin

Uno de los primeros y más galardonados marketers integrados de Latinoamérica. Ha sido Director General Creativo, Digital Advisor y Vicepresidente en McCann Worldgroup. Con más de 20 años trabajando para marcas globales y locales como Nestlé, L´Oreal, Bimbo, Ripley, Chevrolet, P&G, Grey Goose, BCI, Entel, Mastercard y Coca-Cola.

8 pensamientos

  1. Wow!!! Tu relato suena maravilloso! Excepto para una persona que tenga problemas con el colesterol jajaja!Es genial poder apreciar su felicidad, hace sonreir :)!

  2. Pero ese plato hipercalórico y colesterólico, mijo, ¿se me quiere morir de un patatús?Me parece una buena celebrada de matricidio..el 2 de agosto, no?…Lo recuerdo perfecto, incluso mi infructuosa llegaba a la church, jajajaj

  3. Vale, es que Baires es ONDERO con O de Ondero, viste?Mamba & Maga: me van a creer que no comía panceta desde hace AÑOS?! Y claro, me llega el plato y digo “Naaah, si es Baaaaires, loco daaale!” (con acento argentino, obvio)

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